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Mostrando las entradas etiquetadas como Intimidad de las casas

La desmesura creativa: La casa de Víctor Hugo

Las hipérboles son necesarias al momento de hablar de Víctor Hugo, el Gigante de las Letras Francesas. Su departamento ubicado en la Plaza de los Vosgos, antigua Plaza Real, desde 1832 hasta el momento de su exilio forzado, tras enfrentarse al tirano Napoleón Tercero,  tildándolo de "Pequeño" , en 1851, es hoy un museo, con esa capa de nostalgia —tan parisina, tan lluviosa, tan liberal—, y es el albergue de los objetos que lo acompañaron en vida.               En 1901 Paul Meurice dijo al presidente del consejo municipal de París: “Inglaterra tiene la casa de Shakespeare; Alemania tiene la casa de Goethe, en Fráncfort. A nombre de los hijos de Víctor Hugo y del mío, vengo a ofrecer a París y darle a Francia la Casa de Víctor Hugo”. La casa se ha convertido, desde entonces, en paradero obligado para los seguidores y admiradores del escritor nacido en Besanzón.          La estatua ecuestre ...

La casa de Rubén Darío

Bajo la sombra del corredor junto al patio de la casa de doña Bernarda Sarmiento, la abuela tuerta de Rubén Darío  —lugar  donde pasó su niñez y juventud — , me dejo llevar por el oasis literario que representó este lugar hace dos siglos. La hermosa vista de los jardines de flores y estantes de libros de la biblioteca brindan un escape a la turbulenta vida del exterior. León ha cambiado desde tiempos de Darío, y el rostro castizo de sus antiguas calles de cantos redondos, ha dado paso al negro asfalto y casas a medio construir al lado de solares coloniales. Aquí, en León, conviven personas divididas por la política del país, pero orgullosas de vivir en tierra de poetas y revolucionarios.              En días de Rubén Darío, León gozaba del prestigio intelectual del país. A la sala que da a la puerta ubicada en el chaflán formado por la calle que lleva el nombre del poeta y la Cuarta Avenida Sur Oeste, llegaban escritores, políticos y artistas...

La casa natal de Mario Vargas Llosa

Vivir rodeado por volcanes es una preocupación constante para los arequipeños. Siempre fue así. El 28 de marzo de 1936, mientras la partera inglesa Pritchard ayudaba a doña Dora Llosa Ureta a traer al mundo, en un proceso muy doloroso y largo, a quien tendría el primer Premio Nobel de Literatura del Perú, el Volcán Ubinas amenazaba con erupcionar. Sin embargo, para ellas, solo fue un susto, pues minutos más tarde se escuchó el llanto de un bebé.  Hoy la avenida Parra es bulliciosa y muy concurrida. La gente que entra y sale de la zona monumental de Arequipa, toma precauciones para caminar por aquí. Es como un conector, un puente, entre la tradición y el empuje desordenado de la posmodernidad.   Con los años el tranvía fue reemplazado por automóviles de distintos tamaños, y las modas, sobre todo las femeninas, se han ido estrechando y acortando. Ahí, en el número 101 del entonces bulevar, nació Mario Vargas Llosa, y en él vivió por un año, antes de que don Pedro Llosa Bustamant...

La casa donde vivió Harriet Beecher Stowe

Sobriedad y calidez familiar   “ So you´re the little woman who wrote the book that started this great war!” Abraham Lincoln a Harriet Beecher Stowe en 1862   Hartford es encantador no solo por sus edificios victorianos y sus arboledas atravesadas por grandes autopistas que cruzan todo el Estado de Connecticut, también lo es porque no se parece mucho a su vecino gris: Nueva York. Entre casitas típicas de las Trece Colonias británicas y senderos junto a jardines ingleses, en un lugar antiguamente conocido como Nook Farm, habitaron dos vecinos muy particulares –los separaba solamente un jardín con enormes tilos- que tenían un rasgo en común: ambos escribieron en el siglo XIX dos novelas que insertaron al “otro”, al relegado, al marginado, el esclavo, el hombre negro, en las páginas de la literatura norteamericana: Harriet Beecher Stowe y Mark Twain. De hecho, es posible ver la casa del bigotudo Twain desde el cuarto de Beecher.   En el pequeño estudio del primer nivel, la a...

La casa donde creció Ludwig Van Beethoven

El tiempo se halla subordinado a esta casa…   Bonn, Alemania.—  En aquellos días del encierro las revistas con las que solía contribuir en Perú fueron migrando al formado digital. Una de ellas fue   Bitácora, en donde escribía pequeñas crónicas sobre casas de escritores, músicos, pintores y artistas universales, afición muy aferrada que tengo desde que visité la casa de Mark Twain en Hannibal, Missouri, en 2014. La siguiente crónica apareció en agosto de 2020 en la primera edición digital de la revista:     Lo que dijo Arturo cuando pasamos por Bongasse 20, frente a una pintoresca casa rosada, me dejó con la curiosidad rondándome la cabeza, como el pez en el fondo del agua que ve algo brillante descender de la superficie. Creo que exageraba cuando dijo:  « A este Beethoven le ponían unos aparatos totalmente extraños. Unas máquinas que le ayudaban a escuchar mejor. Unas cosas tan grandes que le pesarían más de lo que podría soportar » . Afuera corría un aire...

Un recorrido por el barrio del Abasto. La casa de Carlos Gardel

Una francesita de nombre Berthe Gardés juntó el dinero suficiente, cogió lo necesario y dejó su natal Toulouse con rumbo a Buenos Aires. Cargaba en sus brazos a un pequeño de 2 años y tres meses, juguetón y coqueto, de nombre Charles Romouald Gardés, al que más tarde conocerían en aquel porteño barrio del Abasto como “El Morocho” o Carlos Gardel, el “Zorzal Criollo”, en el mundo entero.   En la calle Jean Jaurés 735, a unas cuadras de la bulliciosa avenida Corrientes y del edificio de arcos metálicos del Mercado de Abasto, Carlos Gardel compró, en 1927, una pequeña casa de dos plantas para vivir con su madre. Ya convertido en una figura musical de talla mundial, no optaba por los lujos, sino por pasar unas cuantas horas junto a la viejecita de la que decía:   “el más modesto pucherete hecho por sus manos vale más y es más sabroso que el más caro de los platos del mejor de los hoteles del mundo” .   Carlos Gardel cantaba con voz armoniosa que no pasaba por el molde académi...