La literatura, especialmente la narrativa, es capaz de persuadir a los lectores sobre la realidad de sus escenarios, en particular cuando estos se sitúan en lugares reales. La Cartagena de Indias del Amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez, por ejemplo, o el París de Los miserables de Victor Hugo condensan mayor interés que sus modelos de la realidad, cargados de miseria auténtica. En ambos casos, los escritores estuvieron íntimamente ligados a esos lugares. Mi visita al territorio de Transilvania me reveló que no siempre sucede lo mismo. El Castillo del famoso vampiro inmortalizado en la novela del irlandés Bram Stoker carece de existencia real y ni siquiera tuvo un modelo concreto. El Castillo de Bran —Castillo de Drácula como suele figurar en las publicidades—, se encuentra en el corazón de Bra s ov, un pueblito ubicado a cuarenta y cinco minutos de viaje desde Bucarest, en Rumania. El entorno del castillo evoca una atmós...
Entrevistas, notas, comentarios, ideas, apuntes, ensayos e impresiones fugaces del escritor y director de cine peruano Wari Gálvez Rivas