Un amigo camerunés me decía que hay un tipo de persona con la que no se puede discutir: aquella que se quiere ir del país. Cuando la decisión está hecha, no hay nada ni nadie que las detenga, así se las coman los tiburones. O se van o se van. Esto se podría considerar como un acto de locura sin medias tintas ni otras alternativas. Se podría decir que los treinta y cinco cuentos que componen Cortocircuitos (Intermezzo Tropical, 2025), del autor peruano Oswaldo Estrada, están compuestos por gente de este tipo: locos clínicos, amantes con el corazón hecho jirones, personas corroídas por el alzhéimer, envenenamientos, enfermedades terminales, virus en pandemia, sadomasoquismo y una larga lista de situaciones extremas que producen, en palabras de Estrada, ese ¡zas! que las separa del mundo. En Cortocircuitos , además, se amalgama una retahíla de preocupaciones sobre la migración, el desarraigo, la nostalgia, la alienación ...
Hace un siglo, el 22 de ocubre de 1926, se publicó The Sun Also Rises , de Ernest Hemingway. Desde entonces el libro no ha hecho más que crecer en popularidad y lecturas críticas. Innumerables admiradores a lo largo de los Estados Unidos y oleadas de académicos estudian su obras, encontrando nuevas zonas de interés donde todo parecía ya dicho. Desde su aparición, hasta hoy, la novela no ha perdido un ápice de interés, y cada nueva generación encuentra en ella, como los personajes de la historia, un motivo para embriagarse de juventud y celebrar la vida. A mis manos llegó, hace tiempo ya de esto, uno de los libros que mi hermano solía coleccionar. Era un libro de tapa dura con forro de papel cuché, de esos que solían salir con El Comercio, como parte de una colección de maestros de la literatura universal. El nombre: Fiesta , su autor: Ernest Hemingway. La primera lectura me dejó, como dejaría a cualquier joven en sus veintes, con las ganas de beber más vino...