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Vivir experiencias ajenas. Entrevista al escritor Andrei Velit

Una conversación con una pantalla luminosa de por medio, un café matutino, apuntes al borde de página y muchas preguntas. Los diversos rostros del abismo(2022), del joven escritor Andrei Velit, convocaron esta amena entrevista en donde el autor revela algunas cuestiones importantes para entender su forma de abordar la escritura de narrativa corta.  

 

Entrevista a cargo de: Wari Gálvez Rivas

 

WGR: ¿Cómo y desde cuándo, Andrei, te involucraste en el campo de la literatura?

            AV: Yo tuve la suerte de haber crecido en un hogar con muchos libros. Mi padre era un lector voraz. Él tuvo una biblioteca a la cual accedí desde muy pequeño. A pesar de ser un profesional de números, mi padre leía bastante y nos quiso dejar a sus hijos ese legado. Sin embargo, en un inicio, yo no escuchaba muchos de sus consejos sobre libros. Fue a raíz de conocer a un amigo, a los doce o trece años, que me comenzó a hablar más de literatura y me presentó El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez. En ese tiempo también empecé a leer a Ernesto Sábato e Isabel Allende. Desde ese momento, me acerqué a la literatura con mayor interés y no paré hasta hoy. Como en mi casa había mucha literatura, comencé a leer todo lo que encontraba. Sentí una pasión de encontrar en los libros lo que no encontraba en la vida real. Y como todo lector febril, di un salto a la escritura. Claro, algunos lo hacen y otros no. A los veinte años comencé con mis primeros escritos. Al inicio escribía poesía, pero luego pasé a la narrativa. Por otro lado, yo estudié administración de empresas en la Universidad Nacional del Centro del Perú. Sé que no tiene ninguna relación con la literatura, pero es muy difícil vivir de la literatura. Nunca pasó por mi mente dedicarme solamente a escribir. Igualmente, soy integrante de un grupo literario llamado Verso Inefable, con gente de varios países, con quienes compilamos las voces de algunos escritores de América Latina.  

            WGR: En cuanto a tu obra, sin embargo, no encuentro tanta cercanía a García Márquez, a quien mencionas con cariño como una de tus primeras lecturas. En cambio, percibo más apego al cine gore, a la fantasía, incluso, encuentro por momentos argumentos como los de SawEl planeta de los simios o la Masacre en Texas. Una mezcla particularmente llamativa. 

            AV: Sucede que me di cuenta que no era bueno en poesía, así que me pasé a la narrativa, en la cual me sentía más capaz de poder hacer algo. Nunca deseé seguir una misma fórmula. Comencé probando escribir sobre el amor, el existencialismo, política, religión, fantasía o terror. Cuando editaba Los diversos rostros del abismo reuní un grupo de cuentos específicos con relación a la temática que deseaba abarcar. No es que me especialice solo en el terror o la fantasía oscura. En una siguiente publicación cambiaré de estilo y temática. Y claro, me inspiro en el cine y en series más actuales.                  

            WGR: En Cuenta regresiva hablas acerca de la venganza de un niño ultrajado por su padre, y la historia sucede en Cleveland, Ohio, en Estados Unidos. Hay una intención muy cosmopolita. 

            AV: Es muy peculiar porque ese tipo de situaciones se da en el mundo entero. Sin embargo, al inicio lo situé en Perú, aunque ¡quién consigue una metralleta aquí! La situación era un poco inverosímil, así que decidí situarla en Estados Unidos, donde uno puede adquirir armas con facilidad.

            WGR: Tiene ecos, y además es un tema muy tratado en el cine, como Elephant, de Gus van Sant, o Bowling for Columbine, de Michael Moore. 


             AV: Así es.  

            WGR: En Una insaciable sed de poder, en cambio, cambias de registro y narras una situación más política con un estilo un tanto manierista. 

            AV: Sí, difiere del resto de cuentos. Los escritores generalmente dicen no metas política en tus libros, pero cuando no es utilitarista, creo, es válido. Fue una excusa para narrar esa historia en la que un tipo pudiente traiciona a los de su clase y se convierte en un político con una ideología opuesta. Una secta muy radical, en la cual están vinculadas personas de su propia clase, y como no aguanta eso, y deciden eliminarlo. Claro, tiene un poco de exageración como todo cuento. Pero en la vida la realidad supera a la ficción. 

            WGR: En el fondo lo más importante en la ficción es la verosimilitud, más allá de la exageración. Pero ¿crees que no haya que mezclar política con literatura? Creo que hasta en los poetas malditos, en la búsqueda de la belleza pura, en lo no-político hay un gesto de negativa que, en el fondo, es muy político.   

            AV: Todos somos animales políticos definitivamente. Me refiero a ser utilitarista haciendo campaña dentro de un mismo cuento. Para ello existen otros medios más efectivos como el ensayo, la crónica y la opinión.

            WGR: Como los poetas de la revolución rusa, Mayakovski y otros que alaban esas gestas sociales. Por otra parte, Cinco catorces de febrero también habla de una venganza y me parece que tienes cierta obsesión por la violencia.  

            AV: Hay un punto en que las anécdotas de uno mismo se agotan. En mi caso las historia de mi propia vida se agotaron. Entonces, comencé a coger ideas y vivencias de otros lados, películas, libros, canciones. Con esto quiero decir que esta historia no tiene que ver con algo que me haya pasado. Es algo que se ve día a día. Mira, me planteo lo siguiente: ¿Es válido o no tomar justicia por las propias manos? Los procesos judiciales en el Perú son muy engorrosos y lentos. Incluso, las mujeres terminan mal sin conseguir justicia. En esta historia sucede eso. La narradora-protagonista busca matar a sus cinco violadores.     

            WGR: Alberto Chavarría en su primera novela, La ninfa del Jericó 941, plantea también una venganza colectiva de una estudiante universitaria.  

            AV: Conozco a Chavarría, pero no lo he leído.   

            WGR: Otro aspecto que percibo en algunas producciones de narradores de Junín, es la integración de las provincias de la selva como espacio urbano narrativo, ya no tanto como temas mitológicos de esas regiones, sino como lugares citadinos con particularidades propias.  

            AV: En La abuela y el Simpira quise, al inicio, hablar de algún mito, pero decidí hacer un cuento. Mi punto de partida fue una novela de Jorge Eduardo Eielson, El cuerpo de Giulia-no, que también sucede en San Ramón. Esa novela me inspiró imágenes. Es un cuento con final abierto que, me parece, podría extenderse a una nouvelle

            WGR: Me parece que es el más extenso y el más logrado del texto. Algo que no deja de llamar la atención en muchos escritores actuales es el deseo de reescribir textos clásicos con otros giros, un sentido de palimpsesto a narrativas y personajes antiguos. Era algo que Borges hacía ya en la década de 1940. En Planes culinarios, por ejemplo, pones en escena a los tres cerditos que terminan comiéndose al lobo feroz.   

            AV: Los personajes buenos se convierten en los malos. Quise ensayar sobre ese tema. Para ello, mezclé el gore y la cocina.

            WGR: Y también reescribes la historia de El planeta de los simios.

            AV: Es un microrrelato, y quise cerrar el libro con esa historia. 

            WGR: Cuéntame de los fantasmas que suelen asomarse en varios de tus cuentos. 

            AV: Los personajes son simbólicos, como en La mujer de un solo ojo, cuya narradora es alguien a quien todo le sale mal. Ella le echa la culpa a este ser fantasmal que está presente en su vida desde hace tiempo, pero resulta que es ella misma, y termina poniéndose la soga al cuello. Es como el eterno retorno de Nietzsche, hay mucho de eso en este cuento. 

            WGR: Y Nietzsche también está presente en Un lugar para morir. Pero hay una cosa muy curiosa que también está presente en muchas historias del cine. En este cuento y en La abuela y el Simpira los protagonistas pasan por una experiencia sobrenatural fuera de sus contextos familiares. En este caso noto que sí hay una mirada de exotismo hacia las ciudades de la selva y el nevado Huaytapallana.

            AV: Es muy difícil que te pasen cosas espectaculares en tu contexto próximo. A menos que se quiera realizar un policial. Tuve que buscar un escenario más místico. 

            WGR: Cada uno busca su inspiración a su manera. Hemos culminado, pero me quedé pensando en algo que mencionabas anteriormente. Los géneros literarios van cambiando y unos son más destacados o más prestigiosos que otros en ciertos años. El siglo XIX, por ejemplo, en pleno romanticismo destacaba más la producción de poesía que narrativa. En el siglo XX esa situación cambió radicalmente y la narrativa, cuento y novela, se sitúa como género predilecto. ¿Crees que algo así sucede últimamente, porque percibo que hay una migración notoria a los campos de la ficción narrativa? 

            AV: Yo respeto mucho la poesía. Admiro mucho a los poetas. Quise escribir poesía, pero no la notaba muy lograda. Me sentí más seguro con la narrativa. Es muy difícil encontrar a alguien que se mueva con solvencia en ambos campos. Muchos novelistas nunca quisieron o se sintieron aptos para la poesía, como Mario Vargas Llosa o Gabriel García Márquez, pero son grandes narradores. Igual, muchos otros poetas tampoco pudieron entrar a la narrativa. No es mi caso. Tuve que dar un paso al costado con la poesía. Siento que escribir poesía es algo más catártico. Creo que para los escritores es necesario llegar a la poesía para nutrirse.

            WGR: Presumo que más como lectores que como escritores. 

            AV: Exacto, yo no publicaría nada de poesía, porque no me siento maduro en ese aspecto. 

            WGR: Antes de irnos, ¿qué tienes entre manos?

            AV: Quiero explorar varios aspectos narrativos, buscando un estilo propio, con personajes más pedestres y no tan oscuros como en este libro. A futuro pienso escribir también una novela. 


Publicado parcialmente en Bitácora, abril de 2023.

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